martes, 14 de octubre de 2008



EL ORIGEN DE LA MEDITACION BUDISTA

El origen de la meditación budista se remonta a hace unos 2,500 años en el norte de la india, donde vivió un hombre llamado siddhatta Gotama, conocido en la historia como “el despierto” (Buddha) y sus enseñanzas como el Dharma; El cual quería hallar respuesta a la pregunta de: ¿Por qué la vida de los seres humanos parecía estar irremediablemente impregnada por la angustia? Siddhatta observo que todas las personas mantenían una lucha en encontrar satisfacción y felicidad duradera en relaciones con alguien, en poseer bienes, etc. Sin ignorar constantemente posibilidad de llegarlo a perder. Siddhatta llegó a dominar prácticas sofisticadas de concentración por medio de las cuales uno se aleja gradualmente de los sentidos físicos y entra en deliciosos estados de absorción o trance. Sin embargo descubrió que tal placer que le proporcionaba este estado se acababa con el regreso a la insatisfacción habitual de la vida. Fue entonces cuando descubrió la salida al dilema existencial del ser humano. Su explicación se conoce como las Cuatro Verdades que Ennoblecen: la angustia, su causa, el cese de ella, y el camino que aparta de la angustia; El sufrimiento surge cuando intentamos apegarnos a cualquier objeto de la percepción: es decir, nosotros mismos lo estamos originando. Desde este punto es posible identificar la dinámica del apego desde su impulso inicial, dejando de producir sus causas, soltando lo que estábamos tratando de agarrar. Esta sencilla formulación aplicada sistemáticamente era la llave que había estado buscando; con ella se abrían las puertas a otra manera de vivir impregnada del inconfundible sabor de la libertad.
El Buda dejó claro que veía su descubrimiento como un diagnóstico, su programa de entrenamiento como la terapia apropiada y a sí mismo como el terapeuta que la administra. El punto medular de esta terapia es un proceso de conocimiento directo que conduce a la comprensión y liberación del malestar existencial; para ello la quietud lúcida de la conciencia plena meditativa es un medio idóneo.
Finalmente al familiarizarnos con este proceso experimentamos conscientemente el desvanecimiento de la angustia que estábamos creando. El tratamiento se da en el entorno lúcido y abierto de la conciencia plena, y debe administrarse constantemente y permitir que impregne la totalidad de la vida, de manera que pensamientos, palabras y acciones colaboren orgánicamente en el proceso.

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